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Revisor de lectura fácil

Pega un texto y te digo qué frase falla y por qué regla. No devuelve una nota: señala el problema concreto y propone una alternativa.

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Esto no valida un texto de lectura fácil

Ninguna herramienta automática puede certificar que un texto sea de lectura fácil. La norma UNE 153101:2018 EX establece que la validación la hacen personas con dificultades de comprensión, que leen el texto y confirman si lo entienden. Este revisor hace solo la parte mecánica: encontrar frases largas, tecnicismos y siglas antes de llevar el texto a esa validación.

Las comprobaciones se inspiran en la UNE 153101:2018 EX y en las pautas de Inclusion Europe e IFLA, pero son una aproximación automática: puede marcar como problema algo que en contexto está bien, y puede pasar por alto una frase confusa que gramaticalmente es simple.

Tu texto

El análisis ocurre en tu navegador. El texto no se envía a ningún servidor ni se guarda en ningún sitio.

Las trece comprobaciones

Frase larga

Más de 15 palabras. A partir de 25 la dificultad crece mucho.

Varias ideas juntas

La frase encadena subordinadas: cada idea debería ir en su propia frase.

Voz pasiva

Esconde quién hace la acción y altera el orden natural de la frase.

Palabra muy larga

Cinco sílabas o más. Suelen tener una alternativa más corta.

Palabra difícil

Término administrativo, jurídico o culto con alternativa cotidiana.

Cifra complicada

Decimales, porcentajes, números romanos o cantidades muy grandes.

Sigla sin explicar

La primera vez que aparece una sigla hay que decir qué significa.

Abreviatura

Obligan a descifrar. Se escriben completas.

Lenguaje figurado

Metáforas y frases hechas que no se entienden de forma literal.

Doble negación

Dos negaciones en la misma frase obligan a rehacer el razonamiento.

Palabra extranjera

Tiene equivalente en español y no todo el mundo la conoce.

Referencia ambigua

La frase empieza señalando algo anterior sin nombrarlo.

Párrafo largo

Más de 5 frases o de 70 palabras seguidas sin respiro.

Cómo se escribe en lectura fácil

Qué es, en qué se diferencia del lenguaje claro y cómo se valida

Lectura fácil no es escribir más sencillo: es escribir para alguien

La lectura fácil es un método de redacción, diseño y validación pensado para que un texto sea comprensible por personas con dificultades de comprensión lectora. El público no es uno solo: personas con discapacidad intelectual, con deterioro cognitivo, con afasia, quienes están aprendiendo el idioma y quienes tienen baja alfabetización. Lo que une a todos es que un texto administrativo corriente les deja fuera.

La diferencia con el lenguaje claro es de grado y de método. El lenguaje claro busca que un lector medio entienda un texto a la primera y se queda en la redacción. La lectura fácil añade reglas más estrictas —una idea por frase, nada de metáforas, cada palabra difícil explicada— y, sobre todo, añade un paso que el lenguaje claro no tiene: la validación por personas usuarias.

Esa es la razón de que esta herramienta no puntúe ni certifique. Encuentra lo mecánico —lo que se puede detectar contando palabras y buscando patrones— para que el tiempo de la validación se dedique a lo único que un programa no puede hacer: comprobar si se ha entendido.

Lenguaje claro, lectura fácil y texto administrativo

Tres formas de escribir lo mismo, con exigencias distintas.

Texto administrativoLenguaje claroLectura fácil
Para quiénOtro profesional del ramoCualquier lector adultoPersonas con dificultades de comprensión
Longitud de fraseSin límite20-25 palabrasHasta 15, una idea por frase
VocabularioTécnico y precisoComún, tecnicismos explicadosCotidiano; cada palabra difícil, explicada
MetáforasFrecuentes y no marcadasSe admiten con moderaciónSe evitan siempre
MaquetaciónNo forma parte del métodoRecomendaciones generalesParte de la norma: tipografía, interlineado, imágenes de apoyo
ValidaciónRevisión jurídicaRevisión editorialPersonas usuarias confirman que lo entienden
ReferenciaNormativa del sectorGuías de estiloUNE 153101:2018 EX · Inclusion Europe · IFLA

Cuatro situaciones donde esta revisión ahorra trabajo

Perfiles reales de quien necesita adaptar un texto.

Administración: una carta que nadie entiende

Una notificación genera decenas de llamadas preguntando qué hay que hacer. Pasarla por aquí señala de golpe las tres frases de 40 palabras y los seis tecnicismos que están causando esas llamadas.

Empieza por: las frases con voz pasiva. Decir quién hace qué suele resolver la mitad de las dudas.

Logopedia y apoyo educativo

Necesitas adaptar un material de clase para una persona concreta. La revisión te da la lista de palabras que habrá que trabajar antes, no solo un texto más corto.

Ojo: lo que aquí sale como «palabra larga» puede ser precisamente la palabra que interesa enseñar. Decide tú, no la herramienta.

Adaptación profesional a lectura fácil

Trabajas con textos que irán a validación. Limpiar antes lo mecánico hace que la sesión con personas validadoras se dedique a la comprensión y no a tropezar con siglas.

Flujo útil: revisar, reescribir, volver a revisar y solo entonces convocar la validación.

Contenidos web accesibles

Las pautas WCAG piden un nivel de lectura razonable o una versión alternativa más sencilla. Esta revisión ayuda a decidir qué páginas necesitan esa versión.

Prioriza: formularios, avisos legales y pasos de un trámite. Ahí es donde no entender tiene consecuencias.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas palabras puede tener una frase?

La referencia habitual es no pasar de 15 y expresar una sola idea. No es una regla matemática: una frase de 18 palabras con estructura simple puede leerse mejor que una de 12 llena de subordinadas. Por eso aquí se avisa a partir de 15 y se marca como grave a partir de 25, pero además se señalan aparte las frases que encadenan ideas.

¿Por qué se desaconseja la voz pasiva?

Porque invierte el orden natural y esconde quién actúa. «La solicitud será revisada por el departamento» obliga a reconstruir quién revisa. En activa —«el departamento revisa tu solicitud»— se entiende de una pasada. La pasiva refleja («se revisarán las solicitudes») tiene el mismo problema y además borra al responsable.

¿Puede certificar que mi texto es de lectura fácil?

No, y ninguna herramienta automática puede. La UNE 153101:2018 EX establece que la validación la hacen personas con dificultades de comprensión leyendo el texto. Un revisor automático encuentra lo mecánico; la comprensión real solo la confirma quien lee.

¿Qué hago con las cifras y los porcentajes?

Se prefieren números redondos y expresiones cotidianas. En vez de «el 73,5 % de los solicitantes», «casi todas las personas que lo piden». Los romanos se sustituyen por arábigos, los decimales se evitan y las cantidades grandes se redondean o se comparan con algo conocido.

¿Mi texto se envía a algún sitio?

No. Todo el análisis se ejecuta en tu navegador con el código de la propia página. El texto no viaja a ningún servidor, no se almacena y desaparece al cerrar la pestaña. Puedes comprobarlo desactivando la conexión: la revisión sigue funcionando.

¿Y si marca como error algo que está bien?

Pasa, y conviene contar con ello. Las reglas se aplican por patrones, sin entender el significado: una palabra larga puede ser justo la que hay que usar, y una sigla puede estar explicada dos frases más arriba. Los avisos son una lista de cosas que mirar, no una lista de cosas que cambiar.

Guía paso a paso

El orden en que conviene atacar un texto difícil.

1

Decide qué quieres que la persona haga

Antes de tocar una coma: ¿qué tiene que entender y qué tiene que hacer después de leer? Lo que no sirva a eso probablemente sobre. Adaptar no es traducir palabra por palabra, es reconstruir el mensaje.

2

Parte las frases largas

Empieza por las de más de 25 palabras. Corta por los conectores: cada «que», «aunque» o «sin perjuicio de» suele marcar el punto donde empieza otra idea que merece su propia frase.

3

Pasa todo a voz activa

Di quién hace la acción y ponlo al principio. Si no sabes quién es el sujeto, ese es justamente el problema que el texto original estaba escondiendo.

4

Cambia o explica las palabras difíciles

Usa la tabla de sustituciones como punto de partida. Cuando la palabra técnica sea obligatoria por motivos legales, mantenla y explícala en la frase siguiente con palabras corrientes.

5

Revisa cifras, siglas y ejemplos

Redondea números, desarrolla las siglas la primera vez y añade un ejemplo concreto donde haya una idea abstracta. Un ejemplo bien elegido aclara más que tres frases de definición.

6

Valida con personas usuarias

El paso que no puede saltarse. Personas con dificultades de comprensión leen el texto y dicen qué han entendido. Lo que no se entienda se reescribe y se vuelve a validar.

Buenas prácticas

Una idea por frase

Es la regla que más rinde. Si al leer en voz alta necesitas coger aire, hay más de una idea dentro.

Repite la palabra, no la sustituyas

El sinónimo elegante confunde. Si el texto habla de «la solicitud», que siga siendo «la solicitud» y no «la petición», «el escrito» o «la misma».

Un solo formato para fechas y números

Elige uno al principio y mantenlo en todo el documento. Cambiar de formato obliga a releer para comprobar que se ha entendido bien.

Habla de tú a quien lee

«Tienes que entregar» se entiende antes que «el interesado deberá aportar». Nombrar a la persona directamente elimina un paso de interpretación.

Convierte los procesos en listas

Si hay pasos, que se vean como pasos. Un párrafo con cuatro requisitos escondidos es mucho más difícil que una lista con cuatro puntos.

La maquetación también cuenta

La lectura fácil incluye tipografía, interlineado y apoyos visuales. Un texto perfecto mal maquetado sigue sin cumplir el método.

Errores frecuentes al adaptar

  • Confundir «más corto» con «más fácil». Resumir puede quitar justo la información que la persona necesitaba para actuar. A veces el texto adaptado es más largo que el original.
  • Dar por válido lo que dice un revisor automático. Ninguna herramienta certifica lectura fácil. Sin validación con personas usuarias, no hay método completo.
  • Usar sinónimos para no repetir. La variedad léxica es un valor literario, no de accesibilidad. Aquí repetir es correcto.
  • Dejar las metáforas «que se entienden». «Dar luz verde» o «estar al día» no se entienden literalmente, y eso es exactamente el problema.
  • Adaptar el texto y olvidar el diseño. Tipografía pequeña, líneas apretadas o texto justificado echan por tierra una adaptación buena.
  • Infantilizar. El público es adulto. Simplificar la lengua no significa cambiar el tono ni tratar a la persona como si fuera menor de edad.

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