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Preparando tu experiencia meskeIA
Prueba tus altavoces, bocinas, parlantes, auriculares o audífonos: canal izquierdo y derecho, fase, barrido de 20 Hz a 20 kHz y tonos de graves. Diagnostica el equipo, no tu oído.
Esta herramienta tiene carácter orientativo y está dirigida a profesionales del dominio que conocen sus limitaciones.
meskeIA no se responsabiliza de decisiones basadas en el uso de esta herramienta.
Baja el volumen del sistema antes de empezar y súbelo poco a poco. Los tonos sostenidos y los barridos exigen mucho más a un altavoz que la música: a volumen alto pueden dañar el equipo y el oído.
Envía la señal a un solo lado. Sirve para detectar un canal mudo y, sobre todo, unos canales intercambiados: un fallo silencioso que estropea el estéreo sin que se note en el día a día.
Con «Solo izquierda», ¿por dónde lo oíste?
Con «Solo derecha», ¿por dónde lo oíste?
La misma señal por los dos canales, primero igual y después con uno invertido. Detecta un altavoz con los cables de polaridad cambiados, que no deja mudo nada pero vacía los graves y desdibuja el centro de la escena sonora.
Qué deberías notar: en fase, el sonido se percibe compacto y centrado, como si naciera de un punto entre los dos altavoces. En contrafase se vuelve difuso, se escapa hacia los lados y pierde cuerpo en los graves. Con auriculares, la contrafase produce una sensación característica de presión dentro de la cabeza.
Si no notas diferencia:lo más probable es que uno de los altavoces ya esté conectado con la polaridad invertida (y entonces la versión «en contrafase» es la que suena bien), o que la señal no sea estéreo real.
Recorre todo el espectro audible de forma continua. Es la prueba que revela zumbidos por resonancia del mueble, huecos donde el sonido desaparece y distorsión en los extremos.
Tonos puros del rango grave, uno a uno. La frecuencia más baja que aún se oye limpia (sin chasquido ni vibración áspera) es el límite real de tu equipo.
Referencia: un altavoz de portátil o de móvil rara vez produce algo audible por debajo de 150 Hz; unos monitores de escritorio de 5 pulgadas bajan a 60-80 Hz; un subwoofer doméstico llega a 30-40 Hz. Si a 40 Hz solo oyes un golpeteo, no es que falte grave: es distorsión, y conviene bajar el volumen.
De 63 Hz a 16 kHz, octava a octava. Todas deberían oírse con un volumen parecido: una banda notablemente más floja que sus vecinas señala un hueco en la respuesta del altavoz o del propio equipo.
Que no oigas los 16 kHz no significa que el altavoz falle: la audición adulta pierde agudos con la edad y rara vez pasa de 15-17 kHz a partir de los 40 años. Esta prueba mide el equipo, y para eso hay que compararla con otro equipo, no con lo que uno espera oír.
La señal viaja de un lado a otro durante 24 segundos. El desplazamiento debe ser suave y pasar por el centro sin saltos ni bajones de volumen.
Un bajón de volumen justo al pasar por el centro es la firma de un altavoz en contrafase: en el punto medio las dos ondas se cancelan. Si lo detectas aquí, confírmalo con la prueba 2.
Qué prueba cada señal, qué es normal en cada tipo de equipo y qué fallos delata cada síntoma
| Prueba | Señal | Qué detecta | Síntoma del fallo | Dónde suele estar la causa |
|---|---|---|---|---|
| Canales L/R | Ruido rosa o tono, un solo lado | Canal mudo, canales cruzados, balance desviado | No se oye nada, o se oye por el lado contrario | Cable, conector, balance del sistema, auriculares al revés |
| Fase | Misma señal, un canal invertido | Polaridad invertida en un altavoz | No hay diferencia audible entre fase y contrafase | Cables + y − intercambiados en una caja |
| Barrido | Tono continuo 20 Hz → 20 kHz | Huecos, resonancias y distorsión | Zumbido en una zona, silencios, aspereza | Mueble que vibra, altavoz forzado, ecualizador activo |
| Graves por tercios | Tono puro de 20 a 100 Hz | Límite inferior real del equipo | Chasquido o vibración en vez de nota | Altavoz pequeño llevado fuera de su rango |
| Bandas de octava | Tono puro de 63 Hz a 16 kHz | Equilibrio tonal entre zonas del espectro | Una banda mucho más floja que sus vecinas | Altavoz dañado, ecualización, colocación |
| Barrido estéreo | Señal que se desplaza de lado a lado | Continuidad de la imagen estéreo | Salto o bajón de volumen al pasar por el centro | Contrafase, procesado envolvente activo |
Antes de que venza el plazo de devolución conviene comprobar los dos canales y el equilibrio entre ellos. Un canal ligeramente más flojo que el otro es un defecto de fabricación difícil de percibir con música, pero evidente con ruido rosa alternando lados. Es el momento en que reclamar sale gratis.
Al mover altavoces de sitio o cambiar cables es fácil invertir la polaridad de una caja: los dos altavoces suenan, así que nada delata el error salvo que el sonido queda «hueco». La prueba de fase lo resuelve en diez segundos y evita meses escuchando un estéreo estropeado.
Un canal mudo en el portátil se descubre normalmente en el peor momento. Treinta segundos con las pruebas 1 y 5 confirman que hay sonido por los dos lados y que no hay una salida de audio equivocada seleccionada en el sistema.
Al comprar altavoces usados, el barrido revela en un minuto lo que la música puede esconder: bobinas rozando, conos dañados o rejillas sueltas se manifiestan como aspereza o zumbido en una zona concreta del espectro, no en todo el rango.
Reproduce la señal solo por el canal izquierdo y comprueba por qué lado la oyes. Si suena por el oído derecho, los canales están intercambiados. Repite con el canal derecho: si las dos pruebas salen cruzadas, el equipo está invertido; si solo falla una, lo más probable es un canal averiado. En auriculares, la causa número uno es tenerlos puestos al revés, porque las marcas L y R suelen estar en relieve y sin contraste.
Un altavoz mueve el aire hacia fuera o hacia dentro según el signo de la señal eléctrica. Si los cables de una caja están conectados al revés, ese altavoz empuja cuando el otro tira. En las frecuencias graves, donde la longitud de onda es mucho mayor que la distancia entre los altavoces, las dos ondas se cancelan parcialmente y el resultado es un sonido sin cuerpo y sin centro. No rompe nada, pero degrada todo lo que se escuche en ese equipo.
Porque casi ningún altavoz doméstico los reproduce. Un altavoz solo genera presión sonora útil por encima de su frecuencia de sintonía, que depende sobre todo del diámetro del cono y del volumen de la caja. Por debajo de ese punto, la energía se convierte en recorrido mecánico sin sonido: de ahí el chasquido o la vibración. No es un fallo del equipo, es física; el fallo sería forzarlo a volumen alto.
Para comparar dos equipos entre sí, sí, siempre que la señal y el volumen sean los mismos. Para obtener una medida objetiva, no: haría falta un micrófono de medición calibrado y una sala tratada, porque lo que llega al oído incluye las reflexiones de la habitación, que a menudo pesan más que el propio altavoz. Lo que aquí se obtiene es un diagnóstico de fallos, no una curva de respuesta.
No. Se mide el equipo, no la audición. Un navegador, una tarjeta de sonido doméstica y unos auriculares sin calibrar no permiten saber a qué nivel real llega cada frecuencia al oído, así que no puede deducirse nada sobre la capacidad auditiva de nadie. Para eso está la audiometría, con equipos calibrados y en cabina. Si notas que oyes peor por un oído, la prueba que corresponde es la de un profesional sanitario.
El ruido blanco tiene la misma energía por hercio, y como cada octava alta contiene el doble de hercios que la anterior, el oído lo percibe como un siseo agudo y desequilibrado. El ruido rosa reparte la misma energía por octava, que es la escala en que trabaja la audición, y por eso suena neutro y sirve para juzgar el timbre de un altavoz. Es el estándar en instalación de sonido.
Puede, y conviene saberlo antes de culpar al altavoz. Los códecs Bluetooth comprimen con pérdida y algunos recortan por encima de 14-16 kHz, así que las bandas más agudas pueden salir más flojas por el enlace, no por el altavoz. Además, muchos dispositivos aplican procesado propio de graves. Para diagnosticar un equipo, la conexión por cable siempre es más fiable.
No. Todo ocurre en el navegador: las señales se generan localmente con Web Audio API y las respuestas del diagnóstico viven solo en la memoria de la página. Al cerrarla desaparecen. No hay micrófono implicado en ninguna prueba, así que la página no pide ningún permiso.
Antes de probar nada, comprueba el volumen del sistema, que la pestaña del navegador no esté silenciada y que la salida de audio seleccionada sea la que crees. La mayoría de los «altavoces averiados» son en realidad una salida equivocada: el sistema sigue enviando el sonido a unos auriculares apagados o a un monitor sin altavoces.
La prueba 1 es la más informativa y la menos exigente para el equipo. Responde a las dos preguntas del diagnóstico con honestidad: si dudas de por dónde suena, esa duda ya es un dato, porque con auriculares la separación debería ser inequívoca.
Con auriculares la contrafase se nota como una presión rara; con altavoces, como una pérdida de graves. Este paso no aplica a un altavoz único ni a una barra de sonido, donde la relación entre canales la fija el fabricante.
Lo que se busca no es oír todo el rango, sino detectar lo que no debería estar: un zumbido que aparece y desaparece en una zona concreta suele ser una pieza del mueble o de la carcasa que resuena, no el altavoz. Localízalo tocando el mueble con la mano mientras suena esa frecuencia.
Baja por los tercios de octava hasta que la nota deje de percibirse como nota. Ese punto es el límite útil de tu equipo y explica por qué cierta música suena delgada. En cuanto aparezca aspereza o golpeteo, para: seguir subiendo el volumen para «oírlo mejor» es la forma más habitual de quemar una bobina.
Un síntoma solo tiene sentido comparado. Si el mismo fallo aparece con otros auriculares en el mismo ordenador, el problema está en el ordenador o en su configuración; si viaja con los auriculares a otro dispositivo, el problema es del equipo. Este paso ahorra la mayoría de los diagnósticos equivocados.
Empieza siempre por debajo de lo cómodo y sube en pasos pequeños. Un tono puro a un nivel que en música resultaría normal puede ser molesto y dañino, porque toda la energía se concentra en una sola frecuencia.
Ecualizadores, refuerzo de graves, sonido envolvente virtual y modos de «audio inmersivo» alteran justo lo que se quiere medir. Si el sistema los aplica, el diagnóstico será sobre el procesado, no sobre el altavoz.
Los graves cambian mucho con la posición: pegado a una pared, un altavoz refuerza las frecuencias bajas; en una esquina, más todavía. Antes de dar por defectuoso un equipo, prueba a moverlo medio metro.
Cuando el resultado con altavoces sea confuso, repite con auriculares por cable: eliminan la sala, la colocación y el Bluetooth de la ecuación. Si con ellos todo sale limpio, el fallo está en los altavoces o en su entorno.
El oído se adapta rápido a un tono sostenido y deja de ser un buen juez en menos de un minuto. Pruebas breves, con pausas, dan resultados más fiables que una escucha larga.
Escribe qué oíste en cada prueba antes de sacar conclusiones. Es fácil convencerse de oír lo que se espera, sobre todo al repetir una prueba después de haber formado una hipótesis.