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Preparando tu experiencia meskeIA
Anatomía, audición, sistema vestibular y pérdida auditiva
Pulsa cada zona para explorar sus estructuras
Recoge las ondas sonoras del entorno y las canaliza hacia el interior. Su forma irregular ayuda a localizar la dirección del sonido
Tubo de unos 2,5 cm que conduce el sonido hasta el tímpano. Produce cerumen que protege contra polvo, insectos y bacterias
Membrana fina que vibra al recibir las ondas sonoras. Tiene solo 0,1 mm de grosor y vibra con presiones mínimas
Los 3 huesecillos más pequeños del cuerpo humano (martillo, yunque y estribo) amplifican la vibración del tímpano 22 veces antes de transmitirla al oído interno. Compensan la pérdida de energía al pasar de un medio aéreo a uno líquido.
¿Sabías que... el estribo (stapes) mide solo 3 mm y pesa 3 mg? Es el hueso más pequeño del cuerpo humano. A pesar de su tamaño, es esencial: sin él, perderíamos unos 30 dB de audición.
Conceptos avanzados sobre audición y equilibrio
El oído humano puede detectar vibraciones del tímpano de apenas 0,01 nanómetros (la décima parte del diámetro de un átomo de hidrógeno). Es tan sensible que si fuera un poco más, oiríamos el movimiento browniano de las moléculas de aire — un ruido constante.
El rango dinámico (desde el sonido más suave al más fuerte) abarca 12 órdenes de magnitud de presión. Ningún micrófono artificial iguala esta hazaña.
La organización tonotópica de la cóclea se preserva en el nervio auditivo y en la corteza auditiva. Las neuronas corticales están organizadas por frecuencia, de grave a agudo, como un teclado de piano proyectado sobre la superficie del cerebro.
El cerebro determina de dónde viene un sonido comparando dos señales: la diferencia de tiempo interaural (ITD, hasta 0,6 ms de diferencia entre oídos) y la diferencia de intensidad interaural (ILD, las frecuencias altas se atenúan por la sombra acústica de la cabeza). Con ambas pistas, localizamos la fuente con precisión de 1-2 grados.
Las aves y los reptiles regeneran células ciliadas de forma natural. En 2024, varios ensayos clínicos investigan terapias génicas (como la activación del gen Atoh1) y moléculas pequeñas para inducir la regeneración en mamíferos. Si tienen éxito, podrían revertir la pérdida auditiva neurosensorial por primera vez en la historia.