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El flujo de energía que sostiene la vida: pirámide trófica, ciclos biogeoquímicos y datos fascinantes
El carbono y el nitrógeno nunca se destruyen
La materia no se crea ni se destruye: los átomos se reciclan continuamente entre la atmósfera, los seres vivos y el suelo. Estos son los ciclos biogeoquímicos.
Pulsa en cualquier etapa del ciclo para ver los detalles
La quema de combustibles fósiles libera carbono que estuvo enterrado millones de años, acelerando el efecto invernadero y el cambio climático.
Los átomos de carbono de tu cuerpo estuvieron en dinosaurios, volcanes y estrellas. La materia no se destruye, solo cambia de forma y de lugar.
Conceptos clave sobre el funcionamiento de la naturaleza
Un ecosistema es el conjunto formado por los seres vivos (biocenosis) y el medio físico donde habitan (biotopo), junto con todas las interacciones entre ellos. Incluye desde un charco hasta la selva amazónica. La energía fluye y la materia se recicla.
Una cadena trófica es una secuencia lineal simplificada (planta → conejo → zorro). Una red trófica es el conjunto real de todas las relaciones alimentarias de un ecosistema, donde cada especie puede comer y ser comida por varias. Si desaparece una especie, sus depredadores pueden tener otras presas; si eso hace más estable al ecosistema es un debate abierto en ecología (May, 1972; McCann, 2000).
La pérdida de especies puede reducir funciones de las que dependemos, como polinizar cultivos, depurar el agua o capturar carbono. Si más especies dan un ecosistema más estable se discute desde hace medio siglo: lo medido en redes reales es que resisten mejor las extinciones en cadena cuanto más conectadas están, no cuantas más especies tienen (Dunne et al., 2002).
Es un efecto dominó que se produce cuando la eliminación o reintroducción de un depredador altera los niveles de debajo. El ejemplo más citado es la reintroducción de lobos en Yellowstone (1995): se describió que redujo la presión de los uapitíes sobre sauces y álamos, y se llegó a proponer que estabilizó las orillas de los ríos. Es una hipótesis debatida: estudios de campo como los de Marshall, Hobbs y Cooper (2013) y Hobbs et al. (2024) encuentran un efecto mucho menor, limitado por el agua disponible y por la desaparición de los castores, y otros depredadores (pumas, osos) y la caza humana también cuentan. Casos menos discutidos son el de las nutrias marinas, los erizos y los bosques de kelp en el Pacífico.