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Preparando tu experiencia meskeIA
Pega una coordenada en el formato que tengas —decimal, grados minutos segundos, UTM o MGRS— y obtén todos los demás. Con distancia y rumbo entre dos puntos.
Vale la coma o el punto decimal, la O de Oeste o la W inglesa, y cualquier símbolo de grado. También acepta UTM (30 T 440291 4474255) y MGRS (30T VK 40291 74254).
Interpretado como grados decimales
Qué significa cada formato, cuándo se usa y por qué el datum importa más que los decimales
Una coordenada no es un número: es un número más el sistema en el que está escrito. La mayoría de los errores de localización no vienen de convertir mal, sino de convertir bien entre formatos mientras se ignora el datum. Este bloque explica qué significa cada formato, cuándo se usa y qué precisión tiene.
| Formato | Ejemplo | Dónde se usa | Ventaja | Inconveniente |
|---|---|---|---|---|
| Grados decimales | 40,416775 · -3,703790 | Google Maps, GPS, APIs, bases de datos | Se opera con él directamente | El signo se pierde al copiar y manda al hemisferio contrario |
| Grados, minutos y segundos | 40°25'00,4"N | Mapas topográficos, escrituras, catastro | Es el de la cartografía clásica | Incómodo de calcular: es base 60 |
| Grados y minutos decimales | 40°25,006'N | Náutica y aviación | Un minuto de latitud es una milla náutica | Se confunde a simple vista con el anterior |
| UTM | 30 T 440291 4474255 | Topografía, ingeniería, SIG | Está en metros: se mide y se resta | Sin la zona no significa nada |
| MGRS | 30T VK 40291 74254 | Montaña, rescate, ámbito militar | Corto de dictar y con precisión graduable | Hay que conocer la cuadrícula para leerlo |
El mapa del parque natural viene en UTM y el móvil da decimales. Convertir permite cotejar la posición real con la hoja impresa, que es la que sigue funcionando cuando se acaba la batería. Para dar una posición por radio, el MGRS es más corto y se dicta sin errores.
Los proyectos se replantean en UTM porque está en metros: la distancia entre dos puntos se calcula restando. La conversión a geográficas hace falta al cruzar con datos de GPS o con cartografía de otra fuente.
Las cartas usan grados y minutos decimales porque un minuto de latitud equivale a una milla náutica: se mide con el compás sobre la escala lateral sin convertir nada. El rumbo de esta herramienta es geográfico; para gobernar hay que aplicarle la declinación magnética de la zona.
Pasar de grados decimales a sexagesimales y volver es un ejercicio clásico de base 60, y ver la misma coordenada en los cinco formatos a la vez hace tangible que la proyección no es la Tierra, sino una manera de aplanarla.
Casi siempre es el datum. La cartografía española anterior a 2007 usa ED50 y la actual usa ETRS89, que a efectos prácticos coincide con el WGS84 de los GPS. El mismo punto tiene coordenadas distintas en cada sistema y la diferencia ronda los 200 metros en la Península. Esta herramienta trabaja en ETRS89/WGS84: si tu fuente es ED50, hay que transformarla antes con los parámetros oficiales del IGN.
En grados decimales, cada decimal divide la distancia por diez: el cuarto decimal son unos 11 metros, el quinto poco más de un metro y el sexto unos 11 centímetros. Dar más de seis decimales es fingir una precisión que ningún GPS de consumo tiene: lo normal son entre 3 y 10 metros de error.
Porque UTM no es un sistema global sino 60 proyecciones distintas, una por huso de 6°. Los mismos metros de este y norte existen en las 60 y señalan 60 puntos diferentes. Anotar «440291 4474255» sin la zona es como dar un número de portal sin la calle.
La primera es la banda de latitud, que va de la C a la X en escalones de 8° saltándose la I y la O. Las dos siguientes identifican un cuadro de 100 km dentro de la zona. Los dígitos finales sitúan el punto dentro de ese cuadro, y su número marca la precisión: con dos por eje se señala un kilómetro; con cinco, un metro.
La I y la O no se usan en ninguna posición: por radio se confunden con el 1 y el 0.
No. Es la distancia geodésica: la más corta sobre la superficie del elipsoide, sin carreteras ni desniveles. Sirve como referencia mínima absoluta, no como estimación de un trayecto. En montaña, además, un desnivel importante puede alargar bastante el recorrido real respecto a la proyección horizontal.
Porque la ruta más corta entre dos puntos de una esfera es un arco de círculo máximo, y ese arco va cruzando los meridianos con ángulos distintos. En trayectos cortos la diferencia es inapreciable; en un Madrid-Tokio son decenas de grados. Mantener un rumbo constante es navegar por una loxodroma, que es un camino distinto y más largo.
No hace falta elegir formato ni limpiar el texto: se detecta solo. Funciona con lo que copia Google Maps, con lo que aparece en una hoja del IGN y con lo que dicta una emisora.
Bajo el campo aparece cómo se ha interpretado. Si dice algo distinto de lo que esperabas, la entrada es ambigua: lo más habitual es un signo menos perdido o un hemisferio sin indicar.
Cada fila tiene su botón. El de grados decimales copia el valor con punto decimal, que es lo que esperan las APIs y las hojas de cálculo en inglés.
Para citar una zona de búsqueda bastan 100 metros; para marcar un vértice hacen falta los cinco dígitos. Dar más precisión de la que tienes transmite una falsa seguridad.
El enlace a OpenStreetMap abre el punto exacto. Un vistazo detecta al instante el error más común de todos: la coordenada que cae en mitad del océano porque se ha perdido el signo de la longitud.
Unos números sin sistema de referencia son un dato incompleto. «ETRS89» o «WGS84» al lado ahorra la duda de los 200 metros años después.
Un menos se pierde al copiar entre celdas o al pasar por un formulario. La letra del hemisferio sobrevive a casi todo y no admite interpretación.
Es el formato diseñado para dictarse: menos caracteres, sin decimales que confundir y con la precisión ajustable al detalle que haga falta.
Los rumbos de aquí son geográficos. La brújula apunta al norte magnético, que en la Península se desvía varios grados y cambia con los años.